El anticristo. 51

Una breve visita a un manicomio nos enseña con suficiente claridad que la fe en ciertas circunstancias hace hombres felices, que la felicidad no hace de una idea fija una idea verdadera, que la fe no transporta las montañas, sino que coloca montañas donde no las hay.

Esto no convence a un sacerdote, porque éste niega por instinto que la enfermedad sea una enfermedad y el manicomio un manicomio.

El cristianismo tiene necesidad de la enfermedad, casi como la Grecia tenía necesidad de un exceso de salud; hacer enfermos es la verdadera intención recóndita de todo el sistema de salvación propio de la Iglesia. Y la Iglesia misma, ¿no es el manicomio católico como último ideal? ¿La tierra, en general, como manicomio?

El hombre religioso, cual le quiere la Iglesia, es un decadente típico; el momento en que una crisis religiosa se posesiona de un pueblo es siempre caracterizado por epidemias nerviosas; el mundo interno del hombre religioso se parece al mundo interior de los sobreexcitados y de los agotados, hasta el punto de confundirse con él; los más elevados estados de ánimo que el cristianismo ha colocado sobre la humanidad como valores supremos, son formas epileptoides; la Iglesia ha santificado solamente a locos o a grandes impostores in majorem dei honorem…

Yo osé una vez definir todo el training cristiano de la expiación y de la redención (hoy estudiado especialmente en Inglaterra) como una locura circular producida metódicamente, como es natural, sobre un terreno ya preparado, o sea fundamentalmente morboso. Nadie es libre de llegar a ser cristiano: no se convierte la gente al cristianismo, hay que estar bastante enfermo para el cristianismo…

Nosotros, que tenemos el valor de la salud y también del desprecio, ¡cuánto derecho tenemos a despreciar una religión que enseñó a comprender mal el cuerpo, que no quiso desembarazarse de la superstición del alma!; ¡que hace un mérito de la falta de alimentación!; ¡que combate en la salud una especie de enemigo, de diablo, de tentación!; ¡que se persuadió de que es posible llevar un alma perfecta en un cuerpo cadavérico, y a este fin debió formarse una nueva concepción de la perfección, una criatura pálida, enfermiza, idiotamente fanática, la dicha santidad, la santidad que es simplemente una serie de síntomas de un cuerpo empobrecido, enervado, irremediablemente lesionado!…

El movimiento cristiano como movimiento europeo es, a priori, un movimiento colectivo de los elementos de desecho y de descarte de todo género (los cuales quieren llegar con el cristianismo al poder). No expresa el ocaso de una raza, es un agregado de formas de decadencia provenientes de todo lugar, las cuales se reúnen y se buscan.

No es, como se cree, la corrupción de la antigüedad misma, de la noble antigüedad que hizo posible el cristianismo; nunca se combatirá con suficiente saña, el idiotismo erudito que aún sostiene una cosa semejante.

En la época en que las capas sociales enfermizas y dañadas del chandala se cristianizaron en todo el imperio romano, el tipo opuesto, la nobleza, existía precisamente en su forma más hermosa y más dura.

El gran número alcanzó el poder; el democratismo de los instintos cristianos venció…

El cristianismo no fue nacional, no se concretó a una raza; se dirigió a todos los desheredados de la vida, encontró en todas partes sus aliados.

El cristianismo tiene en su base el rencor de los enfermos, dirige sus instintos contra los sanos, contra la salud. Todo lo que está bien constituido, todo lo que es altivo, orgulloso, sobre todo la belleza, lastima sus ojos y sus oídos. Recordaré, una vez más, la inestimable frase de Pablo: “Lo que es débil a los ojos del mundo, lo que es loco para el mundo, lo que es innoble y despreciable para el mundo, fue elegido por Dios”; ésta fue la fórmula, in hoc signo llegó la decadencia.

Dios en la cruz, ¿todavía no se puede comprender el terrible pensamiento oculto en este símbolo? Todo lo que es sufrimiento, todo lo que está suspendido de una cruz es divino… Todos nosotros estamos suspendidos de una cruz, por consiguiente, todos nosotros somos divinos… Nosotros solos somos divinos…

El cristianismo fue una victoria, por él pereció una mentalidad más noble; el cristianismo ha sido hasta hoy la más grande desgracia de la humanidad.

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