El anticristo. 49

¿Se me ha entendido? El comienzo de la Biblia contiene toda la psicología del sacerdote.

El sacerdote sólo conoce un peligro: la ciencia, el sano concepto de causa y efecto. Pero la ciencia prospera conjuntamente sólo en situaciones favorables; hay que tener tiempo, hay que tener espíritu de sobra para investigar… Por consiguiente, se debe hacer al hombre infeliz: ésta fue en todo tiempo la lógica del sacerdote.

Ya se adivina qué ha entrado en el mundo con arreglo a esta lógica: el pecado. El concepto de culpa y de castigo, todo el orden moral del mundo fue inventado contra la ciencia, contra la liberación del hombre del poder del sacerdote…

El hombre no debe mirar fuera de sí, sino dentro de sí; no debe mirar en las cosas con habilidad y prudencia para aprender; en general, ni debe mirar; debe sufrir… Y debe sufrir de modo que tenga constantemente necesidad del sacerdote. ¡Fuera los médicos! ¡Hay necesidad de un salvador!

¡El concepto de culpa y de castigo, comprendida la doctrina de la gracia, de la redención, del perdón- todas completas mentiras privadas de toda realidad psicológica fue inventado para destruir en el hombre el sentido de las causas; fue un atentado contra la noción de causa y efecto!

¡Y no un atentado realizado con el puño, con el cuchillo, con la sinceridad en el odio y en el amor, sino partiendo de los instintos más viles, más astutos, más bajos! ¡Un atentado de sacerdotes! ¡Un atentado de parásitos! ¡Un vampirismo de pálidas sanguijuelas subterráneas!…

Si las consecuencias naturales de una acción no son ya naturales, sino que se fantasea que sean influidas por conceptos fantasmas de la superstición, por Dios, por espíritus, por almas, como consecuencias puramente morales, como premio, castigo, indicación, medio de educación, es destruida la premisa de la ciencia y se ha cometido el mayor delito contra la humanidad.

El pecado, repitámoslo, esa forma por excelencia de descaro por parte de la humanidad, fue inventado para hacer imposible la ciencia, la civilización y el ennoblecimiento del hombre; el sacerdote domina gracias a la invención del pecado.

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