El anticristo. 48

¿Se ha entendido bien la famosa historia que se encuentra el principio de la Biblia, la del terrible miedo de Dios ante la ciencia? No se ha comprendido.

Este libro de sacerdotes por antonomasia comienza, como es justo, con la gran dificultad íntima del sacerdote: el sacerdote tiene solo peligro; por consiguiente, Dios tiene sólo un gran peligro.

El viejo Dios, todo espíritu, todo gran sacerdote, todo perfección, pasea por distracción en sus jardines; pero se aburre.

En vano luchan contra el tedio los dioses mismos. ¿Qué hace Dios? Inventa al hombre; el hombre es divertido… Pero he aquí que también el hombre se aburre. La compasión de Dios por la única miseria que todos los Paraísos tienen en si, no conoce límites: pronto creó otros animales. Primer error de Dios: el hombre no encontró divertidos a los animales- fue su amo, no quiso ser un animal. Después de esto Dios creó a la mujer.

Y, en realidad, entonces acabó de aburrirse; pero acabaron también otras cosas. La mujer fue el segundo error de Dios. “La mujer es, por su naturaleza, serpiente: Eva”; esto lo sabe todo sacerdote; “de las mujeres procede todo el mal sobre la tierra”; esto también lo sabe todo sacerdote. “Por consiguiente, también de ella viene la ciencia…” Precisamente, de la mujer aprende el hombre a gustar el árbol del conocimiento…

¿Qué había sucedido? El viejo Dios se vio acometido de un tremendo error.

El hombre mismo se había hecho su mayor error; Dios se había creado un rival; la ciencia nos hace iguales a Dios; ¡cuando él hombre se hace sabio han terminado los sacerdotes y los dioses!

Moraleja: la ciencia es la cosa vedada en sí, es lo único vedado. La ciencia es el primer pecado, el germen de todos los pecados, el pecado original.

Sólo esto es la moral. Tú no debes conocer: todo lo demás se sigue de aquí.

El tremendo miedo experimentado por Dios no le impidió ser hábil. ¿Cómo nos defenderemos de la ciencia? Éste fue durante mucho tiempo su problema capital, Respuesta: ¡Arrojemos al hombre del Paraíso! La felicidad, el ocio, conducen a pensar; todos los pensamientos son malos pensamientos…

El hombre no debe pensar. Y el sacerdote en sí inventa la miseria, la muerte, los peligros mortales del parto, toda clase de sufrimientos, de dolores, de fatigas, y sobre todo la enfermedad; ¡simples medios en la lucha contra la ciencia! La miseria le impide al hombre pensar… Y, sin embargo, ¡cosa terrible!, la obra de la ciencia se eleva, llega hasta el cielo, haciendo palidecer a los dioses. ¿Qué hacer?

El viejo Dios inventa la guerra, separa a los pueblos, hace que los hombres se destruyan unos a otros (los sacerdotes tuvieron siempre necesidad de la guerra). ¡De la guerra, que, entre otras cosas, es una gran perturbadora de la paz de la ciencia! ¡Oh cosa increíble! No obstante la guerra, la ciencia, la emancipación del poder del sacerdote, aumentan. Y una última decisión se presenta al viejo Dios: El hombre se ha hecho científico; no sirve, hay que ahogarlo.

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