El anticristo. 42

Se ve lo que acaba con la muerte en la Cruz: una disposición nueva y completamente original para un movimiento budístico de paz, para una efectiva y no sólo prometida felicidad en la tierra. Porque ésta sigue siendo- ya lo he puesto de relieve- la diferencia fundamental entre las dos religiones de decadencia: el budismo no promete, sino que cumple; el cristianismo lo promete todo, pero no cumple nada.

A la buena nueva siguió de cerca la pésima nueva: la de Pablo.

En Pablo se encarna el tipo opuesto al de buen mensajero, el genio del odio, de la inexorable lógica del odio. ¿Qué ha sacrificado al odio este disangelista?

Ante todo, el redentor: le clavó en la cruz. La vida, el ejemplo, la doctrina, la muerte, el sentido y el derecho de todo el Evangelio, nada existió ya, cuando este monedero falso, movido por el odio, comprendió qué era lo que únicamente necesitaba.

¡No la realidad, no la verdad histórica! Y una vez más el instinto sacerdotal de los hebreos cometió el mismo gran delito, contra la Historia: borró simplemente el ayer, el antes de ayer del cristianismo; inventó por sí una historia del primer cristianismo.

Aún más: falsificó una vez más la historia de Israel, para que apareciera como la prehistoria de su obra; todos los profetas han hablado de su redentor… La Iglesia falsificó más tarde hasta la historia de la Humanidad, haciendo de ella la prehistoria del cristianismo…

El tipo del redentor, su doctrina, su práctica, su muerte, el sentido de la muerte, hasta lo que sucede después de la muerte, nada permaneció intacto, nada permaneció ni siquiera semejante a la realidad. Lo que hizo Pablo fue simplemente transferir el centro de gravedad de toda aquella existencia detrás de tal existencia, en la mentira del Jesús resucitado.

En el fondo, tuvo necesidad de la muerte en la Cruz y de algo más… Creer sincero a Pablo, que tenía su patria en la sede principal de la luminosa filosofía estoica, cuando con una alucinación se dispone la prueba de la supervivencia del redentor, o bien prestar fe a su relación de haber él mismo tenido esta alucinación, sería, por parte de un filósofo, una verdadera necedad: Pablo quiere el fin, por consiguiente, quiere los medios… Lo que él mismo no creía, lo creyeron los idiotas entre los cuales sembró él su doctrina.

Su necesidad era el poder: con Pablo, el sacerdote quiere una vez más el poder; sólo podía servirse de ideas, teorías, símbolos con los que se tiraniza a las masas y se forman los rebaños.

¿Qué es lo que Mahoma únicamente tomó a préstamo, más tarde, del cristianismo?

La invención de Pablo, su medio para llegar a la tiranía del sacerdote: la creencia en la inmortalidad, o sea la doctrina del juicio…

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