El anticristo. 36

Sólo nosotros, espíritus libres, poseemos las condiciones necesarias para comprender una cosa que diecinueve siglos no han comprendido: aquella probidad convertida en instinto y pasión que hace la guerra a la santa mentira, aún más que a toda otra mentira…

Se estaba infinitamente lejos de nuestra neutralidad amorosa y prudente, de aquella disciplina del espíritu que únicamente hace posible adivinar cosas tan extrañas a nosotros, tan delicadas: se quiere siempre, con desvergonzado egoísmo, ver en aquellas cosas únicamente el propio provecho; se ha fundado la Iglesia sobre lo contrario del Evangelio…

El que buscara indicios de este hecho, de que detrás del gran teatro de los mundos hay una divinidad irónica que maneja los hilos, no encontraría confirmación alguna en aquel prodigioso punto de interrogación que se llama cristianismo.

En vano se busca una forma más grande de ironía en la historia mundial que ésta: que la humanidad se arrodilla ante lo contrario de lo que fue el origen, el sentido, el derecho del Evangelio; que en el concepto de Iglesia ha santificado precisamente lo que el dulce mensajero considera por bajo de sí, detrás de sí.

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: