El anticristo. 35

Este dulce mensajero murió como vivió, como enseñó, no para redimir a los hombres, sino para mostrar cómo se debe vivir. Lo que dejó como legado a la humanidad es una práctica: su actitud frente a los jueces, esbirros, acusadores y cualquier clase de calumnia y de escarnio, su actitud en la cruz.

No resiste, no defiende su derecho, no da un paso para alejar de si la ruda suerte, antes por el contrario, la provoca… Y ruega, sufre, ama con aquello, en aquellos que hacen el mal… No defenderse, no indignarse, no atribuir responsabilidad… Pero igualmente no resistir al mal, amarlo…

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