El anticristo. 34

Si yo entiendo algo de este gran simbolista, es el hecho de que tomó como realidades, como verdades, únicamente las realidades interiores, que comprendió todo lo demás, todo lo que es natural: el tiempo, el espacio, la historia, como signos, como ocasiones para imágenes.

La idea de hijo del hombre no es la de una persona concreta, perteneciente a la historia, algo de singular, de único, sino un hecho eterno, un símbolo psicológico separado de la noción de tiempo. Lo mismo puedo decir, y en el más alto sentido, del Dios de este simbolista típico, del reino de Dios, del reino de los cielos, de la cualidad de hijos de Dios.

Nada menos cristiano que la crudeza de la Iglesia, que imagina un Dios como una persona, un reino de Dios que viene, un reino de los cielos puesto más allá, un hijo de Dios que es la segunda persona de la trinidad.

Todo esto es- perdóneseme la expresión- un puñetazo en los ojos (¡oh, y sobre que ojos!) del Evangelio: un cinismo histórico mundial en la irrisión del símbolo… Y, sin embargo, es evidente lo indicado con los signos de padre y de hijo (no es evidente para todos, lo admito); con la palabra hijo se expresa la introducción en un sentimiento de transfiguración de todas las cosas (la beatitud); con la palabra padre se expresa este mismo sentimiento: el sentimiento de la eternidad y de la perfección.

Me avergüenzo de pensar lo que la Iglesia ha hecho de este símbolo: ¿No ha puesto en el umbral de la fe cristiana una historia de Anfitrión? ¿Y no ha añadido un dogma de la inmaculada concepción? Pero de este modo ha maculado la concepción…

El reino de los cielos es un estado del corazón, no una cosa que advierte en la tierra o después de la muerte. Todo el concepto de la muerte natural falta en el Evangelio: la muerte no es un puente, un paso; falta porque es propia de un mundo completamente diverso, puramente aparente, útil sólo para fabricar signos con que expresarnos. La hora de la muerte no es un concepto cristiano: la hora, el tiempo, la vida física y sus crisis no existen para el maestro de la buena nueva…

El reino de Dios no es cosa esperada: no tiene un ayer ni un mañana, no llegará dentro de mil años, es una esperanza de un corazón, está en todas partes y en ninguna…

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