El anticristo. 28

Cosa completamente distinta es si tuvo en general conciencia de semejante contradicción, o si no fue simplemente considerado como esta contradicción. Y justamente aquí toco yo el problema de la psicología del redentor. Confieso que pocos libros leo con tanta dificultad como los Evangelios.

Estas dificultades son diferentes de aquellas en cuya demostración la docta curiosidad del espíritu alemán ha conseguido uno de sus más innegables triunfos.

Es ya remoto el tiempo en que también yo, como todo joven docto, saboreaba, con la prudente lentitud de un filólogo refinado, la obra del incomparable Strauss. Tenia entonces veinte años: hoy soy demasiado serio para estas cosas.

¿Qué me importan a mí las contradicciones de la tradición? ¿Cómo se puede llamar tradiciones a las leyendas genéricas de santos?

Las historias de santos son la literatura más equívoca que existe: emplear con ellas métodos científicos, “si no poseemos otros” documentos, me parece cosa condenada a priori; es un simple pasatiempo de eruditos.

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